lunes 30 de mayo de 2011
Tres categorías de existencias
La frase siguiente del Shodoka del maestro Yoka Daishi dice así: “Preguntadle a una marioneta si adquirir méritos para encontrar al Buda es eficaz”. ¿Qué es una marioneta? Es alguien dirigido desde afuera. Hay que comprender que el afuera no existe realmente; existe el adentro. La vía es comprender esto. Una relación difícil con una persona, por ejemplo, existe dentro de uno, no afuera.
Podemos definir a la humanidad en tres categorías de existencias: la humanidad animal, que vive más inconcientemente, de modo más intuitivos, más simple, pero que sigue la más baja dimensión del deseo: comer, hacer el amor, sobrevivir, drogarse, divertirse… En la segunda categoría estaría la gente más integrada a la sociedad, más inteligente, pero que es víctima de la realidad, esclava de la realidad. La gente que piensa que la realidad está afuera. La realidad de su genética, la realidad de su karma, la realidad de la sociedad, de la política, del país, del mundo, la realidad del zen, del Buda, del karma, del mal karma, del buen karma, de ser maestro, de ser reconocido por la sociedad, tener discípulos… Son víctimas. Y la tercera categoría son los dioses, los budas, los bodhisattvas, que entienden que existe el cosmos entero dentro de ellos, dentro de la conciencia; que entienden que los fenómenos, las formas que hay que corregir y cambiar, existen sólo dentro de él. El tipo que realmente trabaja dentro de él mismo es un maestro. No se deja engañar ni influenciar por los demás. Lo que la gente piensa de él no le importa, porque él sabe que lo importante está dentro de él, que cambiando la raíz de su conciencia, volviendo a su verdadera naturaleza, el karma entero puede desaparecer. Así, creer en el karma para mí es algo malo, porque creer es reforzar, entretener… No hay que creer en la existencia del karma: “¡Ah! Tengo un mal karma”. Por el contrario, hay que dudar del karma: “No te creo, no sos yo”.
Una marioneta, en cambio, piensa que tiene un karma y se deja conducir por la realidad, la sociedad, la familia, la política, el budismo zen, el tai chi… Piensa que hacer zazen es un buen mérito, qué va mejorar un poco su karma…Hay que volver radicalmente a la raíz, es esto zazen.
El pensamiento crea, es el creador de la realidad. La revolución se hace aquí, ahora, en este templo. La revolución no es tomar cacerolas y hacer ruido, tomar vino y gritar en la calle. La revolución es comprender el poder del pensamiento.
El que piensa que la verdad, que la realidad viene de afuera, siempre va a estar entreteniendo a su conciencia con la misma mierda. Por eso zazen, como decía mi maestro, es la revolución interior.
La verdadera naturaleza está en la relación que tenemos con nuestro cuerpo y con nuestro espíritu. Y esta relación está muy bien expresada en las palabras de Tosan, quién mirando un espejo, dijo: “El reflecto en el espejo soy yo, pero no soy el reflejo; este cuerpo soy yo, pero no soy este cuerpo; este espíritu soy yo, pero no soy este espíritu”. Esto es la revolución, esto es la libertad. La gente que quiere ver la realidad a partir de su cuerpo, de su conciencia limitada, es esclava, víctima; y lo van a seguir siendo durante millones de años.
Así la verdadera revolución se actúa aquí en este dojo.
FUENTE: Kusen, Campo de Verano, Argentina, 2004
FOTOGRAFÍA: Anochecer en el Templo Shobogenji
Maestro Kosen Thibaut (1950-): 83° sucesor del Buda, discípulo y heredero del Dharma de gran Taisen Deshimaru. Durante 15 años, vive y practica al lado de su Maestro, siguiéndolo en sus viajes por todo el mundo. Luego de la muerte abrupta de su Maestro, Niwa Zenji, la autoridad más alta del Zen Soto en Japón, le da la transmisión (shiho) en nombre de Deshimaru. Desde entonces, siguiendo el deseo de su Maestro, una Shanga internacional se congrega alrededor suyo.
